Una mujer denuncia la detención ilegal de su niño de 3 años por su padre, quien utilizó a tres compinches para llevárselo del centro escolar
El pasado lunes, a las 10.30 de la mañana, cuatro personas accedieron a una escuela infantil ubicada en el distrito de Barajas. Los niños, de 0 a 3 años, estaban en sus clases. Tres de los individuos se emplearon en distraer al personal docente y la directora de este centro de titularidad municipal.
Un cuarto individuo, padre de uno de los niños, entró en el aula de su hijo, de tres años, lo cogió rápidamente y se lo llevó por la fuerza metiéndole en un coche junto a otro de sus compinches.
El personal de la guardería pudo retener a dos de los desconocidos y posteriormente fueron arrestados por agentes de la Policía Nacional, según informaron desde la Jefatura Superior de Policía de Madrid. Ayer, la silla del pequeño continuaba vacía. Se desconoce su paradero.
Desde el centro infantil dieron la voz de alarma a la Policía. Hasta el lugar se desplazaron varias dotaciones de Policía Municipal y Nacional. Se localizó a la madre del niño y se la tomó declaración. La misma interpuso una denuncia contra el padre y no quiso hacer ninguna declaración a los medios de comunicación.
«Lo raro es que entraran cuatro personas a la guardería. Para que reciban a gente hay que pedir cita», comentaba perpleja la madre de una alumna. El centro escolar se negó a dar ninguna información.
El Grupo XII de la Brigada Provincial de Policía Judicial de Madrid lleva el caso. En el momento en que se tuvo conocimiento del secuestro parental se activó el protocolo de actuación avisando a todas las fuerzas de seguridad para que el niño no saliera del país. El padre es de nacionalidad argentina. La investigación continúa abierta.
Desde Fundación ANAR (Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo), que recepciona las llamadas para casos de desapariciones en el 116000, informan de que han crecido en los dos últimos años los secuestros parentales en España.
«Se están dando mucho los casos en los que los padres es extranjero y se lo lleva a su país. Lo malo es que lo trasladen a un lugar donde no haya reconocimiento de las leyes españolas. En esos casos, poco se puede hacer», detallan en ANAR.
